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Las cañerías de fines del siglo XIX

Diámetros reducidos y una alternativa al cemento como pilares para la construcción de redes de agua.

El abastecimiento de agua potable a población es un tema que no pierde vigencia. Se trata de un desafío permanente de quienes conducen los destinos de la comunidad y que tuvo preponderancia en las últimas décadas del siglo XIX, a través del proyecto del ingeniero Abel Degoulet. En aquellos años, la densidad poblacional de la provincia era menor al número actual, que estable 64,3 habitantes por kilómetros cuadrado. Eso posibilitó la planificación de cuatro secciones para cumplir de forma efectiva con las tres redes de distribución de agua, aptas para garantizar una equidad en el acceso para diferentes zonas de la ciudad. Con el afán de que el servicio sea efectivo, Degoulet determinó que el tamaño del tubo mayor debía ser de 25 centímetros de diámetro, ya que podía trasladar hasta 48 litros por segundo. Además, los caños menores, de 10 y 15 centímetros tenían la capacidad de trasladar entre 5 y 13 litros respectivamente. Por otra parte, el plan establecía una estructura de 16 fuentes de abastecimiento público instaladas en las inmediaciones de la plaza Independencia y el desarrollo de 512 bocas de riego e incendio en distintos puntos de San Miguel de Tucumán, según la conveniencia para facilitar la tarea del grupo de bomberos. El ambicioso plan tuvo gran aceptación porque generaba un importante ahorro, ya que reemplazaba la mezcla de cemento con arena por la puzolana. Esta roca volcánica fragmentada tenía las mismas virtudes que otros tipos de cañerías y lograba cumplir con las expectativas trazadas inicialmente. Continuará…

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